Dolor por un ser querido

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El ángel nos enseña que no debemos estar tristes ante la partida de un ser querido. Nos asegura que morir es vivir, que el cuerpo sólo nos ha sido prestado para poder transformar aquí, en la Tierra, todo lo que en otras vidas hayamos hecho mal y, así, poder llegar al Gran Espíritu.

Verdaderamente, nos sentimos desamparados cuando nos enfrentamos a la pérdida de alguien cercano a quien amamos.

Cuando una persona pierde a sus padres sufre un gran dolor, pero con el tiempo va encontrando consuelo al aprender a reconocer en sí una parte de ellos, ya sea a nivel físico, psicológico o emocional, gracias a sus enseñanzas, su amor y el cuidado que le dedicaron para que fuera la persona que hoy es. Es algo imposible de olvidar.

Otras personas tienen que experimentar la pérdida de un hijo y pueden sentir que su propia vida se va con él o con ella, tal vez desearían haber muerto ellos en su lugar o sienten un inconmensurable sentimiento de culpa por lo ocurrido.

El Gran Espíritu nos dice, a través del ángel, que todos tenemos nuestro momento en la Tierra. Hemos venido a aprender y crecer como almas y, si es necesario, volveremos a experimentar diferentes vidas hasta quedar limpios de todo lo que no sea nuestra verdadera Esencia Divina para poder llegar hasta Él, que es el Amor Universal.

Rueda de Sanación

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El ángel llega para decirnos que el amor lo puede todo, que nosotros sólo somos sus instrumentos y que, si le permitimos usarnos para entonar su bella melodía, él nos atravesará y, saliendo por nuestras manos, ofrecerá sanación a aquellas personas de nuestro entorno que puedan necesitarla.

Desde tiempos ancestrales han existido personas con facultades para la curación utilizando hierbas y otros elementos que la Naturaleza ofrecía o imponiendo sus manos, y más tarde, con el desarrollo de la ciencia, también con medicinas, cirugía y otras técnicas.

A pesar de que, gracias a la medicina moderna, hoy se pueden aliviar muchos dolores y curar o paliar los síntomas de la mayoría de las enfermedades, siguen existiendo en cambio algunas que todavía no tienen cura conocida. En la búsqueda personal del bienestar, es aconsejable que, cuando nos aqueje una enfermedad, nos paremos a pensar  en qué es lo que la ha motivado.

Tenemos un cerebro maravilloso que es capaz de realizar procesos más complejos que un ordenador y, sin embargo, no le resulta fácil descubrir las causas de ese malestar que aflige nuestro cuerpo. Para ayudarle en esta tarea podemos tratar con amor a nuestro cuerpo, cuidarlo con buen descanso y una alimentación sana, de forma que nos resulte más sencillo reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo mal.

Por mucho que los profesionales de la medicina, oficial o alternativa, quieran hacer por nosotros, nunca podrán realizar una buena labor sin nuestra colaboración e implicación activa, manifestada en nuestra actitud de observación interior y cuidado personal desde el amor a todo lo que somos.

El Camino hacia lo Desconocido

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El ángel nos susurra que no debemos albergar miedo en nuestro subconsciente, ya que siempre hay Amor a nuestra disposición para ayudarnos en cualquier dificultad.

A veces, la vida se convierte en una aventura y, a consecuencia de la incertidumbre, podemos temer que nos vaya a pasar algo negativo. Es un sentimiento que no podemos desechar tan fácilmente como nos gustaría.

Posiblemente, el mayor y más común sea el miedo a la muerte.  Nos horroriza, sentimos que nos hiela la sangre en las venas, pensamos cómo será nuestra muerte y, después, no volver a respirar, a ver la luz del cielo, la Tierra y todo cuanto nos rodea. Pero es el ciclo que debe cumplir todo ser vivo: morir para vivir.

Podemos llegar a experimentar una gran angustia cuando nos abruma el miedo por no saber qué hay después de la muerte, la duda de si encontraremos esa luz que algunos aseguran que han visto y si nos llenaremos de amor y paz, o si no encontraremos nada de eso.

De lo que sí estamos seguros es de que con la muerte dejamos de sufrir y eso nos anima a que, a pesar de que no nos guste bucear en nuestro subconsciente, demos un paso hacia nuestras profundidades y nos atrevamos a verlo cara a cara.

A veces, enfrentándonos al miedo y a la oscuridad que encontramos allá donde sólo nosotros somos capaces de llegar, podemos encontrar el mejor regalo, nuestra paz interior, para ofrecerla a todos los que nos rodean.

Silencio y prudencia

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El ángel nos aconseja no inmiscuirnos en cosas de los demás ni hablar mal de nadie. Debemos ver, oír y no juzgar, pues con la vara que midamos seremos medidos.

Cuántas veces nos encontramos con los amigos, con los conocidos o con los familiares, empezamos a hablar y, casi sin darnos cuenta, ya estamos hablando negativamente de alguien, sin conocer tan siquiera sus motivos para hacer lo que estamos criticando.

Pero es que nosotros, todos, tendemos a comportarnos así y sin embargo, no aceptamos que los demás hablen en contra nuestra. Qué injustos somos. Nuestro objetivo debería ser vivir y dejar vivir, ayudando a que la tranquilidad y la felicidad sean la norma general en nuestra convivencia.

Invitación a la Danza

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El ángel nos sugiere que practiquemos cualquier tipo de danza todo cuanto podamos y con alegría, pues así podremos llegar a los ángeles, que son los que nos enseñan el camino del espíritu.

Todos los seres humanos nos encontramos felices cuando estamos bailando. Pensamos en el amor, nuestros cuerpos se mueven por muy pesados que sean y nos permitimos soñar. La felicidad que nos aporta el estar un momento con una persona que nos agrada hace que nuestro ser fluya con ilusión, que nos sintamos ligeros y más jóvenes, y que olvidemos nuestras preocupaciones.

Disfrutando del baile vivimos en el aquí y ahora. Es nuestra felicidad la que fluye por todo nuestro cuerpo y nuestra mente, haciendo de ese instante algo eterno.

Comentando las labores del día

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El ángel nos aconseja hablar de los acontecimientos sencillos de nuestra vida cotidiana, sin rencor ni odio, pues, tanto si creemos que lo hemos pasado mal o bien, debemos meditar y saber que somos afortunados.

Solemos quejarnos de lo que no somos y de lo que no tenemos. Al final son cosas sin importancia, pues muchas veces le damos más valor a aquello que no lo tiene y, sin embargo, no apreciamos cuanto tenemos: salud, un techo bajo el que cobijarnos, ver el sol, la luna, las estrellas y la tierra que nos ha visto nacer, la sonrisa de un niño… ¡Tantas cosas que nos pasan desapercibidas!

Por eso debemos buscar cada día, aunque tengamos que dejar cosas sin hacer, tener una buena la comunicación con otros seres y comentar nuestras cosas con ellos. Les haremos saber así lo importantes que son para nosotros, y ellos podrían ayudarnos a encontrar soluciones a nuestros problemas, si es que los tenemos.

Hombre

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El ángel nos dice que la madre es el refugio de todo nuestro sistema, la que permite hacernos fuertes ante las inclemencias de la vida: primero mientras estamos dentro de su útero, nuestro castillo, y después con su amor.

Todos los seres contamos con la protección de nuestros padres, pero puede haber muchas situaciones durante nuestra infancia en las que sintamos la falta de ese contacto con el amor que debemos recibir.

El calor maternal es un contacto que la madre naturaleza aporta a todos los seres. De hecho, siempre decimos “como el amor de una madre, no hay nada”, aunque depende de las circunstancias y de las madres. Por eso no hay que dejar de lado el calor del padre, aunque sea más disciplinado y con menos mimos.

Los dos amores nos son imprescindibles para crecer.

Descendiendo a la Tierra

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Los ángeles nos están enseñando que todos los seres humanos necesitamos del contacto con los demás para llegar a alcanzar el equilibrio que nuestro corazón necesita. Paz, armonía, amor al prójimo, amor a todo ser viviente, a nosotros mismos, a la Madre Tierra, al Cosmos, al Sol, a la Luna y a las estrellas. ¡Sin amor no somos nada! No podemos comprender el verdadero significado de nuestra existencia, para qué hemos nacido.

El amor es un sentimiento universal… Pero, por desgracia, qué pronto olvidamos con el paso de los años el amor que sentimos de niños, o de adolescentes, o cuando encontramos a esa persona especial con la que deseamos formar una pareja… ¡Es tanto el amor y la pasión, el deseo, que nos sentimos los más felices de la tierra! Tanto, que incluso nos da miedo que no vaya a durar.

Pero luego, la vida nos endurece, nos aburre lo cotidiano, algunas veces estamos tan atados a la rutina que no vemos forma de salir de ella. Y entonces no nos quedan ganas de esforzarnos y recuperar el amor, la pasión o el deseo, nos creemos los más infelices del mundo.

Pero los ángeles nos traen un aliento de esperanza y nos aseguran que no es así pues, incluso en medio de esa rutina y de las dificultades que hemos podido llegar a experimentar, hemos conseguido ser felices a nuestra manera, amando y procurando no hacer daño al otro. ¡No perdamos la ilusión!

Echando agua al estanque

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Agua de vida,
limpia mis emociones,
sana el corazón.

Amor y Esperanza con Reiki

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Luz y energía,
amor que sana el alma
y abre caminos.