Poniendo los relojes en marcha

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Cada amanecer

recomienza el tiempo…

¡No es más que ilusión!

Conectando con el Olimpo

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En el Olimpo,

dioses con forma humana

simulan vivir.

Una maravilla del firmamento

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Soñando vuelo

 

por el cielo infinito

¡Soy una estrella!

Bajo un sol abrasador

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Verano y calor,

¡si en la playa jugamos,

bastante mejor!

Dando energía con amor

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Amor sanador

para todos los males,

no hay fuerza mayor.

Viva la verbena

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Con risas y amor

celebramos la vida.

¡Viva la fiesta!

Exposición colectiva – junio 2017

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Este año, como los anteriores, hemos expuesto en el Centro Cultural Nicolás Salmerón de Madrid todos aquellos que tenemos la suerte de participar en sus cursos y talleres anuales.

Han sido sólo tres días, pero ha merecido la pena compartir tiempo y espacio con artistas que, como yo, sólo ansiamos expresar nuestro interior y mostrarlo a quien desee verlo y apreciarlo.

La imagen corresponde al cuadro que he expuesto en esta ocasión, titulado «Siguiendo el camino».

Con el frescor del agua

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Con agua fresca,

calmo tu sed estival

y aplaco tu calor.

 

El alfarero

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Existió una vez, en una lejano país, un alfarero que gozaba de gran fama y prestigio en su profesión por la delicadeza y perfección de los trabajos que realizaba.

Un año, el verano se presentó más seco de lo habitual. Tanto, que incluso comenzó a temerse por el caudal de los ríos que abastecían de agua potable y la población del país comenzó a preocuparse seriamente cuando vieron que incluso de las fuentes y los manantiales dejaba de brotar el agua que nunca antes les había faltado.

Viendo esta situación, el alfarero se dio cuenta de que, además de no disponer del agua necesaria para saciar su sed y la de su familia, la sequía afectaba directamente a su negocio porque, sin agua, no podía fabricar sus hermosas obras y, sin el dinero que pudiera obtener por ellas, sería imposible pagar a los mercaderes que empezaban a enriquecerse a costa de los elevados precios que imponían a sus bidones de agua importada de otras tierras.

Y llegó un día en el que, sentado en el portal de su taller, los pensamientos y la angustia de ver sufrir a su amada familia le ahogaron de tal forma que no pudo reprimir más el llanto.

Al poco, empezó a jugar con el barro formado por la tierra reseca de sus manos y sus propias lágrimas, y se dio cuenta de que podía empapar el resto del barro que impregnaba todo su cuerpo y así, sin pretenderlo, se sorprendió ¡modelándose a sí mismo!

El llanto se transformó en alegría por haber encontrado la forma de cambiar su destino. Y la alegría se transformó en sorpresa y, más tarde, en profunda felicidad, pues al verse su imagen reflejada en un espejo, pudo comprobar que se había convertido en un hombre nuevo.

Así, con esa felicidad recién descubierta, salió a la calle para contar su descubrimiento a todos, familiares, amigos y vecinos… pero se quedó mudo de admiración al ver cómo todos gritaban, cantaban y bailaban alegremente bajo una fina lluvia que comenzaba a caer, devolviéndoles la esperanza que creían perdida para siempre.

Y el alfarero sintió que ese era un nuevo comienzo para todos.

Tormenta

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Rayos y truenos

con lluvia generosa,

¡regalo vital!